María Robles, figura de movimiento santuario tras vivir un año en una iglesia

María Robles, figura de movimiento santuario tras vivir un año en una iglesia

Tucson (Arizona), 7 ago (EFEUSA).- La inmigrante indocumentada Rosa Robles ha vivido los últimos 365 días en la iglesia Presbiteriana del Sur en la ciudad de Tucson (Arizona) durante los que se ha convertido en uno de los rostros más conocidos del movimiento santuario.

Robles, de 42 años, ha tenido que soportar el vivir alejada de su esposo, el no poder compartir momentos importantes con sus dos hijos varones y, sobre todo, tener que vivir con el temor constante de que de un momento a otro la «migra» pueda entrar y detenerla.

«Nunca pensé que iba a durar un año en santuario. Este tiempo me ha cambiado en todos los aspectos, nos ha unido como familia y me ha dado las fuerzas para seguir adelante, sobre todo en esos momentos cuando sientes que las fuerzas te faltan», dijo Robles a Efe.

Con este tesón, la mexicana está a un día de igualar lo hecho por su compatriota Elvira Arellano, que estuvo refugiada en una iglesia en Chicago (Illinois) del 15 de agosto de 2006 al 16 de agosto de 2007.

Robles, que no ha abandonado durante un año este templo, una de las iglesias fundadoras del movimiento santuario en la época de 1980 en esta región fronteriza, cruzó la frontera de manera ilegal en 1999, se ganó la vida limpiando casas y nunca antes había tenido un problema con la policía y mucho menos con inmigración.

«Siempre tratábamos de seguir la ley, si el letrero decida que había que conducir a 35 millas por hora, lo hacíamos», relató.

La vida de Robles, como la de cientos de indocumentados en Arizona, cambió radicalmente en 2010. El estado se convirtió en el epicentro del debate migratorio con la aprobación de la controvertida ley SB1070, que otorgó el derecho a los departamentos policiales de cuestionar el estatus migratorio de las personas que son detenidas, inclusive por infracciones leves de tráfico.

Ese mismo año, Robles fue detenida por una infracción de tráfico mientras manejaba y, como no cuenta con una licencia conducir, fue entregada a las autoridades migratorias que iniciaron un proceso de deportación en su contra.

El 7 de agosto de 2014, como un último recurso y tras recibir una orden final de deportación, Robles anunció que entraría en santuario.

Desde entonces, miembros de la comunidad, activistas y políticos han visitado a Robles, que vive dentro de un pequeño cuarto en la iglesia, para darle su apoyo y pedir un alivio migratorio para una mujer cuyo único delito ha sido el cruzar la frontera de manera ilegal.

Se han recaudado firmas a su favor, su hijo mayor fue a Washington para hablar con congresistas y cartelones en su apoyo se han colocado en toda la ciudad.

La Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) dijo a Efe que Robles es libre de salir cuando ella quiera de la iglesia. Algo que le han informado en cartas, pero, de acuerdo a los abogados que llevan el caso de la inmigrante, esto no garantiza que en cualquier momento pueda ser detenida y deportada.

Otros inmigrantes indocumentados que en el pasado han buscado refugio en iglesias en Tucson y Phoenix han estado entre dos a cuatro meses y han recibido un permiso de ICE hasta por un año para permanecer en el país sin temor a ser detenidos o deportados. Algo que no ha ocurrido en el caso de Robles.

Expertos en inmigración consideran que un punto en contra de la inmigrante mexicana es que ni sus hijos, ni su esposo son ciudadanos estadounidenses.

Por su parte, Robles teme que ICE quiera «castigarla» y dar «ejemplo» con su caso para evitar que más indocumentados busquen santuario en las iglesias.

Robles tiene motivos para desconfiar, sobre todo si tiene en cuenta el caso de Arellano, que cuando abandonó el refugio que le ofrecía la iglesia metodista Adalberto de Chicago viajó a Los Ángeles, donde fue detenida dos días después y deportada.

Pero la inmigrante mexicana espera que su mensaje llegue hasta el mismo presidente Barack Obama.

«Él (Obama), como padre, sabe que todos queremos lo mejor para nuestros hijos, yo sé que el presidente, al igual que todos, sin importar estatus migratorio, damos todo por nuestros hijos», dijo Robles.

La inmigrante mexicana aseguró que continuará en santuario, no importa cuánto tiempo le lleve, hasta que su caso de inmigración sea cerrado.

«Yo no estoy pidiendo que me den la ciudadanía, ni tampoco la residencia, solo un permiso para poder estar tranquila con mis hijos», finalizó.

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