Tixtla, un pueblo dividido al que la lucha de Ayotzinapa dejó sin elecciones

Tixtla, un pueblo dividido al que la lucha de Ayotzinapa dejó sin elecciones

Tixtla (México), 7 jun (EFE).- El fuego fue el protagonista hoy en el municipio mexicano de Tixtla, con las llamas de los estudiantes de Ayotzinapa que consumieron miles de papeletas en su boicot electoral y las de aquellos que se atrevieron a alzar la voz para defender su derecho al voto.

No fueron protagonistas, sin embargo, las fuerzas de seguridad, ni las del estado de Guerrero ni las federales, pues pese al operativo desplegado por el Gobierno mexicano ni un policía o militar apareció por las calles de Tixtla, dejando que los ciudadanos armaran sus bandos.

“El Gobierno del estado nos está dejando a merced de unos vándalos”, se quejaba una ciudadana que recriminaba al gobernador de Guerrero, Rogelio Ortega, que “no haya cumplido su palabra porque él prometió que se iban a resguardar todas las casillas”.

Sí sobrevolaron la localidad, ubicada a media hora de la capital, Chilpancingo, dos helicópteros, uno de la Policía Federal y otro de la Secretaría de Marina, pero sin llegar a descender.

Y también siguieron los retenes policiales en las salidas del municipio que examinaban cada coche, para evitar que el fuego de Tixtla se contagiara a la capital.

Desde primera hora de la mañana, familiares y compañeros de los 43 jóvenes desaparecidos hace más de ocho meses en Iguala se organizaron en varios grupos para destrozar las mesas electorales, llevarse el material y reducirlo a cenizas.

Antes de que las urnas abrieran a las 08.00 hora local (13.00 GMT) ya habían logrado hacerse con varias casillas, sin que hubieran podido siquiera instalarse. Fueron numerosas las hogueras que poblaron el municipio y el humo con olor a papel y plástico quemado.

Todo para no olvidar que a ese municipio pertenecían varios de los jóvenes estudiantes desaparecidos el pasado 26 de septiembre en el municipio de Iguala, a manos de autoridades corruptas y narcotraficantes.

El diálogo fue el arma utilizada en un comienzo por el contingente de padres de familia para hacerse con urnas y papeletas, aunque algunos grupos de estudiantes acudieron armados con palos y barras de hierro, lo que generó tensión y forcejeos en varios centros de votación.

Además, en otros los ciudadanos se unieron para defenderlos y llegó a producirse incluso un leve enfrentamiento a pedradas en la colonia Vicente Guerrero entre los defensores de los comicios y los estudiantes, que acabaron huyendo del lugar amenazados con piedras y palos.

Los alumnos de la Normal Rural de Ayotiznapa, a la que pertenecían los 43 jóvenes desaparecidos, denunciaron después que estas personas, que cortaron la carretera para proteger las urnas e increparon a desconocidos y medios de comunicación, eran acarreados, personas afines a los partidos o pagados por los mismos a cambio de defender la elección.

De las 54 mesas electorales existentes en Tixtla (juntando la cabecera municipal y las comunidades aledañas), los estudiantes lograron destruir al menos 14, más del 20 % necesario para declarar inválidos los comicios.

Después de conocerse este triunfo del boicot, que aún debe ser ratificado por el tribunal electoral, un grupo de las personas favorables a los comicios organizaron una marcha hasta el parque de la Alameda, en el centro del municipio, e irrumpieron en el edificio el Auditorio, echando a las autodefensas que llevaban meses ocupándolo.

En la misma hoguera donde en la mañana habían ardido las papeletas a manos de opositores a la jornada electoral fueron quemadas más tarde las pertenencias personales y material hallado en el edificio por este grupo, que reclamaba paz y tranquilidad para Tixtla.

Minutos después llegó a la plaza otro grupo de ciudadanos, apoyados por estudiantes de la Normal y maestros, quienes se enfrentaron verbalmente contra los defensores de los comicios y se vanagloriaron de haber logrado su objetivo.

“Sí se pudo”, gritaban en referencia al boicot a los comicios al que llevan semanas alentando con distintos actos de protesta, al considerar que en un estado con violencia las instituciones carecen de legalidad para organizar elecciones.

Pese a la tensión del momento, los dos grupos acabaron retirándose unas horas después sin registrarse incidentes.

En un país en el que hoy estaban llamados a votar más de 83 millones de mexicanos, el boicot en Tixtla, municipio de poco más de 10.000 habitantes, no tuvo gran repercusión a nivel estatal.

Pero este día sí será recordado por los habitantes de este municipio guerrerense como la jornada en la que pocos se atrevieron a expresar su derecho democrático, unos por miedo, otros por resignación y otros por convicción.

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