El TPS cumple 25 años de ofrecer una barrera contra la deportación

El TPS cumple 25 años de ofrecer una barrera contra la deportación

Los Ángeles, 4 dic (EFEUSA).- La Ley de Inmigración de 1990, que cumple estos días su 25 aniversario, ha permitido que miles de inmigrantes centroamericanos puedan residir legalmente en EEUU a través de uno de sus componentes fundamentales, el Estatus de Protección Temporal (TPS).

«El TPS para los centroamericanos en particular ha significado la oportunidad de poder aportar a su familia, proveer apoyo y tener protección contra la deportación, manteniendo a la familia junta», dijo hoy a Efe Martha Arévalo, directora ejecutiva del Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN).

Este beneficio migratorio que muchos latinos han recibido a través de este permiso tiene su reverso amargo, al no ofrecer una vía de legalización permanente para estos inmigrantes, muchos de los cuales llevan varios años viviendo en el país.

«Estamos viendo que salvadoreños, nicaragüenses y hondureños tienen ya más de 14 y 16 años de tener TPS, y ese ya no es un estatus temporal», anotó Arévalo, quien considera que estas personas bajo el amparo del TPS merecen una «residencia permanente».

«Ellos han seguido las reglas y han hecho todo lo que les ha pedido este país», recalcó.

La ley conocida como IMMACT, y firmada el 29 de noviembre de 1990 por el entonces presidente estadounidense George H.W. Bush, propició que aumente la cifra anual de inmigrantes autorizados de entrar al país, la cual ascendió de medio millón personas a unas 700.000, según cifras oficiales.

Esta modificación a la ley de inmigración defendió «la reunificación familiar como el mayor camino de entrada, al mismo tiempo que duplicó la inmigración relacionada con el empleo», tal como destacó un análisis del Centro para Estudios de Inmigración (CIS).

La medida también creó la «Lotería de visas» para otorgar cada año 55.000 visas de residentes permanentes a personas provenientes de países que representaban bajas tasas de inmigración hacia Estados Unidos, para así ampliar «la diversidad de las visas».

El IMMACT estableció además 40.000 visas permanentes relacionadas con el empleo y 65.000 visas de trabajadores temporales.

«Una vez implementada la ley, Estados Unidos admitió más inmigrantes legales entre 1991 y 2000 -calculados entre 10 y 11 millones- que en cualquier otra década previa», señala el análisis de CIS.

«Mientras en 1970 los inmigrantes representaban 4,7% del total de la población, en el 2010 un cuarto de los residentes de los Estados Unidos menores de 18 años eran inmigrantes o hijos de inmigrantes», agrega el reporte.

Elizabeth Rodríguez, una joven de 26 años amparada por el Acción Diferida creada durante el Gobierno de Obama ha vivido de primera mano los beneficios del TPS, así como los problemas de la falta de una oportunidad de legalización.

«Mi madre tiene el TPS pero mi papá, que lleva 32 años viviendo en el país, es indocumentado», declaró a Efe la joven, quien reveló que esa situación los ha llevado a vivir con el lógico temor de que en cualquier momento el padre sea deportado.

«Somos una familia trabajadora y merecemos tener la oportunidad de una residencia permanente en el país», agregó.

Actualmente 13 países son beneficiarios del TPS, de los cuales El Salvador, Honduras y Nicaragua son latinoamericanos. Los otros países son Haití, Guinea, Liberia, Nepal, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Sierra Leona, Siria y Yemen, de acuerdo a los Servicios de Inmigración y Ciudadanía (USCIS, en inglés).

Según explicó a Efe Joanne Ferreira, de USCIS, entre los beneficiarios del TPS los salvadoreños son la comunidad más grande y suman «aproximadamente 204.000».

«Es la nacionalidad más grande que recibe este beneficio», precisó.

Sin embargo, en cada período de renovación del permiso, que se realiza aproximadamente cada año y medio, se observa que «estos números van bajando», según comentó a Efe Tessie Borden, directora de comunicaciones de CARECEN.

La activista valoró que el TPS «por una parte es una bendición», pero por otra parte significa una gran dificultad para los beneficiarios, «que no ven un final y que siempre tienen que estar renovándolo».

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