Denver (CO), 24 ago (EFEUSA).- A pesar de la recuperación económica en grandes sectores del país, la pobreza y el desamparado sigue afectando a millones de estudiantes que estos días regresan a las clases, y el problema ha aumentado significativamente durante la última década, revela un nuevo estudio.
Según la información difundida por EdBuild, el número de alumnos de 5 a 17 años en alto nivel de pobreza o desamparo en todo el país pasó de 15,9 millones en 2006 a unos 24 millones en 2013, el año más reciente con datos completos.
La Ley (federal) McKinney-Vento de Ayuda a Desamparados define a los alumnos sin techo como aquellos que carecen de un lugar fijo, regular y adecuado para pasar la noche, por lo que duermen en lugares prestados o compartidos, moteles, alojamientos transitorios o espacios públicos o privados no destinados para ser usados para dormir.
Estadísticas del Departamento de Educación federal indican que el 3 % de esos estudiantes vive en la calle y el 6 % vive solos (sin ayuda de padres o adultos).
Y según la Coalición Nacional de Ayuda de Desamparados (NCFTH), del 11 al 15 % de las familias en extrema pobreza o sin techo propio es de origen hispano.
A pesar de la dimensión del problema, la falta de suficientes datos impide que el público en general entienda adecuadamente la situación, indicó Rebecca Sibilia, fundadora y directora ejecutiva de EdBuild.
«Nuestra organización está tratando de resolver esa situación al iluminar con una luz brillante los cambios demográficos y el aumento de las necesidades de nuestros estudiantes», dijo Sibilia a Efe.
En su opinión, el hecho de que millones de niños vivan en pobreza o desamparo es una «calamidad» que se complica porque las escuelas en general no cuentan con los recursos materiales o financieros adecuados «para darles a esos estudiantes una oportunidad».
«Nuestras escuelas deberían ser la primera línea de defensa para estar seguros de que nivelamos el campo de juego para nuestros estudiantes más vulnerables», comentó Sibilia.
«Desafortunadamente, a pesar de un aumento del 60 % en la pobreza estudiantil desde 2006, los estados todavía destinan 5.500 dólares menos por estudiante para los distritos escolares de alto nivel de pobreza de lo que destinan para distritos más acaudalados», agregó.
Por eso, los distritos escolares con menos recursos dependen de organizaciones de caridad o de campañas públicas para ayudar a los niños carenciados.
Por ejemplo, en Florida, donde residen 71.000 estudiantes desamparados, la organización Needlework Guild (NGA), que agrupa a damas dedicadas a costura y tejido, recibe donaciones de ropa que, luego de ser apropiadamente reparada, se reparte en escuelas públicas del estado.
Y en Colorado, donde viven 24.000 estudiantes desamparados, el Distrito Adams 14 (al norte de Denver, con un 84 % de estudiantes pobres) depende de la campaña anual del Departamento de Policía de Commerce City para reunir suficientes útiles escolares.
Esas acciones comunitarias, aunque necesarias, tienen sin embargo un efecto secundario desagradable, el de dar la impresión de que los padres de niños pobres o desamparados no pueden cuidar a sus propios hijos.
«Se asume que esos padres no quieren que sus hijos tengan éxito o que no se preocupan lo suficiente por el éxito educativo de sus hijos. Pero jamás me he encontrado con una madre que no quiere que su hijo llegue muy alto», declaró Sibilia.
«Sin embargo, la madre con frecuencia está demasiado ocupada tratando de proveer para el bienestar básico de su hijo. Decir que ‘los padres tienen que involucrarse más’ es una desafortunada mala caracterización que envuelve la perspectiva pública», puntualizó.
Otro reporte, difundido en febrero pasado por el Centro Nacional de Familias Desamparadas (NCFH) coincide con los nuevos datos.
«El desamparo infantil ha llegado a proporciones epidémicas en Estados Unidos. Todas las noches hay niños desamparados en cada ciudad, condado y estado, en cada sector de nuestra nación», dijo a Efe Carmela DeCandia, directora del NCFH.
Por su parte, Sibilia sostuvo que «este tema es de una importancia crítica para el futuro de nuestra sociedad».
«Me molesta que la gente no esté molesta por algo así», concluyó.



















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