Cien mujeres recorrerán 100 millas para pedir al papa que ayude a inmigrantes

Cien mujeres recorrerán 100 millas para pedir al papa que ayude a inmigrantes

Washington, 24 ago (EFEUSA).- Cien mujeres recorrerán 100 millas para pedir al papa Francisco, de visita en septiembre a EEUU, que alce su voz por los inmigrantes indocumentados para frenar las deportaciones, impedir la separación de familias y acabar con la discriminación que aseguran sufrir en este país.

Según informaron hoy a Efe algunas de las mujeres inmigrantes, originarias de El Salvador, Honduras o México, la peregrinación comenzará el 15 de septiembre frente a una prisión del condado de York (Pensilvania), donde los organizadores aseguran que permanecen encerrados varios indocumentados a la espera de ser deportados.

Después de recorrer diferentes ciudades, como New Freedom (Pensilvania) y Baltimore (Maryland), el grupo llegará al Congreso, en Washington, el 22 de septiembre para celebrar al día siguiente una vigilia de cierre, que coincidirá con las primeras jornadas de la visita del papa en EEUU, entre el 22 y el 27 de septiembre.

«Queremos que el Pontífice, que representa los valores morales y espirituales, escuche las historias de estas mujeres, madres y esposas que están dispuestas a hacer el sacrificio de caminar para hacer oír las injusticias que se cometen contra de los inmigrantes sin documentos», dijo a Efe Rosi Carrasco, una de las organizadoras.

Carrasco, que viajará con otras cuatro mujeres desde Chicago (Illinois), forma parte de Comunidades Organizadas contra las Deportaciones (OCAD), una organización que con la campaña nacional «Ni una deportación más» ha exigido a las autoridades migratorias que frene la separación de familias.

«Creo que tenemos que levantar nuestras voces de todas las maneras posibles para que la gente vea que, en este país, tienen que cambiar muchas cosas», destacó por teléfono Carrasco, originaria de Oaxaca (sur de México) y que llegó hace 21 años a EEUU con sus dos hijas, que ahora han acabado la Universidad.

«No es justo que la gente esté viviendo y trabajando y aportando a este país por tantos años y no se reconozcan nuestras contribuciones. No es justo que la gente sea detenida en centros de detención en condiciones terribles», subrayó la mexicana, que al no tener hijos estadounidenses no califica para el alivio migratorio.

En noviembre, ante la falta de acción del Congreso para sacar adelante una reforma migratoria, el presidente Barack Obama anunció una serie de acciones ejecutivas para regularizar a cinco de los once millones de indocumentados que viven en el país, especialmente dirigidas a jóvenes y padres con hijos estadounidenses.

«El papa tiene el poder de tocar el corazón de las personas», consideró otra de las participantes, Rosa Sanluis, que espera que el Sumo Pontífice traslade las exigencias de las mujeres a Obama, con el que encontrará el 23 de septiembre, y al Congreso, al que se dirigirá al día siguiente.

Sanluis, que llegó a Texas hace 25 años desde San Luis Potosí (México), destacó el «el dolor, la frustración, la impotencia, el desanimo, el sentido de soledad y la sensación de estar desamparado» que sufren los inmigrantes indocumentados a los que ayuda y que pueden ser enviados de vuelta a su país en cualquier momento.

Según indicó, las mujeres ya se han puesto en contacto con varias iglesias católicas, donde comerán y dormirán, y están elaborando algunas de las pancartas que lucirán durante su recorrido y que reúnen algunas de las declaraciones del papa en defensa de la dignidad de los inmigrantes.

En mayo, la Conferencia Episcopal de EE.UU. (USCCB) pidió el fin de los centros de detención para indocumentados y su sustitución por programas de libertad vigilada, que permitan a los inmigrantes permanecer libres mientras tramitan su derecho a asilo o comparecen ante las autoridades migratorias.

Estas declaraciones y la visita del primer Pontífice latinoamericano a EEUU han generado una gran expectación en la comunidad inmigrante, que esperan que el papa Bergoglio se ponga de su lado con un mensaje de reconciliación en un momento en el que el debate migratorio y las tensiones raciales están a flor de piel.

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