Chicago (IL), 25 ago (EFEUSA).- Los vendedores ambulantes latinos de frutas frescas, tamales, elotes y chicharrones atienden a unos 50.000 clientes por día en Chicago y se han convertido en comerciantes legítimos que necesitan ser legalizados, según un estudio del Instituto de Política de Illinois.
Michael Lucci, vicepresidente de política del instituto y autor del estudio, declaró hoy a Efe que la legalización permitiría generar empleos y recursos impositivos a nivel local y del condado, y provocar un «fuerte impacto económico» en los vecindarios habitados por inmigrantes.
El Concejo municipal se apresta a aprobar en septiembre una ordenanza de 2014 que ha sido modificada para atender exigencias del código de salud pública y de comerciantes con negocios establecidos.
La ordenanza, que es iniciativa del concejal puertorriqueño Roberto Maldonado (Distrito 26), permitirá que los llamados «eloteros», que han luchado durante diez años para ser regularizados, paguen una licencia y puedan atender su clientela latina sin temor a las redadas policiales.
Según el estudio, la legalización de los ambulantes permitirá que la industria crezca y que las ventas resulten en un aumento de la recaudación impositiva de entre dos y ocho millones de dólares para las arcas de la ciudad y del condado de Cook, donde se asienta tercera mayor urbe del país.
Lucci dijo que el instituto defiende la libertad económica en la ciudad y decidió estudiar el tema de los ambulantes como «asunto relevante», para apoyar la aprobación de la ordenanza.
El estudio señala que los 1.500 ambulantes de Chicago son en su mayoría de origen mexicano, aunque también hay peruanos, guatemaltecos y salvadoreños.
Todos hablan español y actúan principalmente en los vecindarios latinos de La Villita y Pilsen, donde sirven en promedio 36 comidas diarias a más de 50.000 clientes.
Se establece además que el ingreso promedio de cada carrito es de 328 dólares por semana, después de los impuestos.
Lucci dijo que muchos de ellos declararon en una encuesta realizada por el instituto que hacen ese trabajo por su edad, problemas de salud o escasez de empleo en la ciudad.
«Pero otros dijeron que disfrutan de la profesión porque les permite mantener la cultura hispana o la tradición familiar», señaló.
Chicago y Los Ángeles son las únicas ciudades, entre las 25 más grandes de Estados Unidos que no permiten vendedores ambulantes de alimentos.
Debido a la prohibición «restrictiva y opresiva», los inmigrantes emprendedores están obligados a trabajar al margen de la ley, y a arriesgarse a ser multados o arrestados, expresó Lucci.
En Chicago están autorizadas las cocinas rodantes desde 2012, pero no los pequeños ambulantes, que en opinión de Lucci debieron ser regularizados por la misma ordenanza.



















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