Miami, 17 feb (EFEUSA).- El joyero ecuatoriano Pedro Maldonado se inspiró en las técnicas de la orfebrería inca para crear el "dreidel" (pequeño trompo de carácter religioso para los judíos) más valioso del mundo y que gira sobre la punta de un diamante invertido.
El artesano recibió este encargo tan especial de Shaina Stolik, esposa del rabino Leibel Stolik, de Palm Beach, en Florida, donde Maldonado trabaja desde hace 25 años.
Heredero de una familia de maestros joyeros conocidos en Ecuador, Maldonado dedicó 150 horas de trabajo para crear esta perinola judía, valorada en 14.000 dólares, lo que la convierte en la más cara del mundo, según el popular libro Guinness de los Récords.
En la tradición judía, durante la Janucá (Fiesta de las Luminarias), adultos y niños se reúnen alrededor de este pequeño trompo que hacen girar a la luz de las candelas.
Para la pasada celebración de esta festividad judía, Maldonado entregó este «dreidel» de cuatro caras y tres pulgadas de alto, y que contiene 55 gramos de oro y 37 de plata, que engarzan 2 quilates de diamantes y 5,7 quilates por valor de zafiros, rubíes, granates y otras piedras preciosas.
Todos estos metales y piedras preciosas fueron donados por miembros de la Jabad de South Palm Beach, mientras que Maldonado ofreció su tiempo de trabajo, valorado en más de 7.000 dólares.
A pesar del valor de la pieza, los integrantes de la congregación judía hicieron girar el «dreidel» esta pasada Janucá sobre el diamante invertido, incrustado sobre una «montura bastante fuerte que soporta el peso y el uso».
«El diamante ayuda a que el trompo se mantenga en su lugar. No es ideal para que dé cientos de vueltas, pero sí gira», explicó sobre esta perinola que ya fue expuesta en sinagogas de Palm Beach y Nueva York.
Para el trabajo utilizaron una técnica de martillado tradicional de la joyería incaica, que se convirtió en el «fondo de la pieza» y que ya era utilizada hace cientos de años en la región de Cuenca (Ecuador) de donde Maldonado procede.
Pero en este «dreidel» el orfebre engarzó las técnicas de su país con la historia y las tradiciones judías.
«No quería algo muy simple, básico, había que hacer algo relacionado con la religión judía, relacionado con el tiempo en el cual estos juguetes fueron inventados e hice una investigación al respecto. Para hacer el diseño, me inspiré en la arquitectura y el estilo de la Edad Media en la que fueron creados estos trompos», explicó.
A Maldonado, el arte orfebre le viene de familia, pues su padre, Manuel, era un reputado artesano que trabaja para numerosos templos religiosos de su localidad natal, conocida como la «Ciudad de las Iglesias».
Para estas iglesias elaboró custodias, cálices y santos, muchos de los cuales se realizaban con oro y plata donados por los propios feligreses.
«Mi padre era un maestro muy conocido en Ecuador (…) Creó una custodia para la Virgen del Cisne de 17 kilos (35 libras)», aseguró el ecuatoriano, de 59 años.
Pero Maldonado también quiso aprender la tradición de los joyeros europeos, por eso tras graduarse del Instituto de Artes y Oficios de Ecuador viajó al Viejo Continente para investigar la técnica de franceses, españoles e italianos, «cuna de los mejores joyeros».
Una vez en Estados Unidos, con 16 años, tuvo el «golpe de suerte» de trabajar con el joyero Louis Tamis, cuya lista de clientes incluye Cartier, Tiffany y Bulgari, entre otros.
En este taller, explicó, ejerció de ayudante de los diferentes joyeros que trabajaban con aquel cotizado empresario y aprendió así las técnicas de cada uno de ellos.
Más de treinta años más tarde, el amor de Maldonado por hacer «trabajos únicos», marcados por el espíritu de artesanía y el trabajo a mano, está pasando a través de un «largo proceso» de aprendizaje a sus hijos.
Max, de 24 años, emplea su tiempo fuera de la universidad para aprender y trabajar junto a su padre, objetivo también de Alex, de 17, y de Katheryn, de 16 y que se decanta más por el diseño de las joyas.
Que sus hijos quieran seguir la tradición familiar, que inició su abuelo y prosiguieron su padre y su tío, le llena de un «orgullo» mucho mayor que haber creado el «dreidel» más valioso del mundo.



















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