Denver (CO), 6 ene (EFEUSA).- Las memorias de la estadounidense Diana Nyad, quien nadó de Cuba a Cayo Hueso (Florida) a los 64 años sin caja de protección, destacan el papel de la persistencia como elemento esencial para lograr una meta que muchos estimaban imposible.
La nadadora estadounidense de larga distancia ha escrito un relato inspirador de cómo pudo superar el miedo no solo al fracaso sino también a un pasado difícil.
Titulado «Find a Way» (Busca la manera) el libro narra una vida dedicada al deporte, con sus glorias y fracasos, y el proceso de planificación, entrenamiento y ejecución de tan peligroso trayecto en plena edad madura.
Aunque Nyad no fue la primera persona que logró cruzar a nado la distancia entre ambos países, sí fue la primera en hacerlo sin descanso y sin una caja de protección. Esta hazaña la ha convertido en modelo de todo aquel que se ha propuesto alcanzar una meta difícil.
Según Nyad, el sueño de cruzar a nado de Cuba a la Florida comenzó desde muy niña.
«A decir verdad, la chispa inicial nació durante una visita a la playa en Fort Lauderdale, Florida, cuando tenía 9 años», escribió.
«La Revolución Cubana había triunfado y miles de cubanos en el exilio parecían llegar de la noche a la mañana a mi ciudad».
Nyad pronto hizo amistades con los recién llegados y fue así que creció disfrutando de la comida y música cubana y escuchando historias de la isla que sus amigos habían dejado atrás.
Aquel día de playa, Nyad le preguntó a su madre que dónde estaba Cuba exactamente. Su madre le señaló al horizonte y le dijo: «Está justo allí. No puedes verla pero está tan cerca que casi podrías llegar nadando».
Si bien ese fue el comienzo, el sueño de nadar desde Cuba no despertó de la nada. Al cumplir 5 años, su padre, de ascendencia griega, le mostró que su apellido era uno de los pocos definidos en el diccionario. En la mitología griega, Nyad significa Náyade, ninfa del agua, y en el habla coloquial, añadió, se usa para describir a una niña o mujer campeona de natación.
A pesar de haber sembrado esa semilla de posibilidad en la mente de Diana, su padre era un hombre autoritario, impulsivo y «sin conciencia», escribe.
Nyad relata el abuso físico y sexual al que fue sometida de niña por su propio padre y por otra persona de confianza, su entrenador de natación.
Aunque la joven había resuelto que nada de eso cambiaría su enfoque y determinación de alcanzar sus metas en la natación, las cicatrices de esas experiencias eran demasiado profundas.
Tener que sufrir en silencio y no poder ponerle freno a la situación la hizo sentir impotente y, a pesar de su determinación, llegar a dudar de sus capacidades.
«La marca que deja el abuso sexual en el alma de un niño es indeleble», escribe. «¿Cómo podía ser yo un espíritu indomable, una inconforme desafiante, y no poder defenderme de este depredador?»
A pesar de tanto sacrificio, Nyad no logró alcanzar el sueño de nadar en los Juegos Olímpicos.
Después de la secundaria, Nyad comenzó a correr a distancia, lo cual le proporcionaba la combinación perfecta de atletismo y exploración.
Pero cuando una amiga le habló del deporte de maratón de natación, Nyad no pudo resistir su curiosidad.
Sus primeros eventos en el Lago Ontario y Manhattan, en Nueva York, fueron experiencias decisivas en su preparación para que sería la misión de su vida.
«Toda persona que haya nadado alrededor de la isla de Manhattan o a la isla de Catalina, o que haya cruzado a nado el Canal de la Mancha tiene mi respeto», escribe. «Pero cuando empecé a investigar sobre Cuba en 1977, enseguida me di cuenta de que alcanzar esa cima iba a ser una montaña completamente diferente de escalar. Es el Everest del nado en aguas abiertas».
Nyad intentó el cruce por primera vez en 1978 con una caja protectora, pero el proyecto fracasó debido a los fuertes vientos que la sacaron de rumbo.
Poco después, tras varios récords mundiales de natación a distancia, Nyad abandona el sueño de Cuba y deja de nadar durante tres décadas.
Sin embargo, a los 60 años, el sueño renace y con un enfoque y determinación inigualables, Nyad se lanza nuevamente al proyecto abandonado en su juventud.
Después de varios intentos frustrados por inclemencias del tiempo y picaduras de medusas, Nyad finalmente logra su objetivo el 2 de septiembre de 2013 a los 64 años de edad.
Tras nadar durante 53 horas corridas, Nyad exhausta se dirigió al público y dijo que nunca es tarde para perseguir los sueños. Como el título de su libro, solo hay que «buscar la manera».
Sus memorias, publicadas en inglés pero bajo planes de traducción al español, detallan el entrenamiento tanto físico como mental que la preparó para completar el sueño de su vida.
(FIND A WAY, Diana Nyad. Knopf. 285 páginas).



















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