Houston (TX), 9 mar (EFEUSA).- Desde su creación hace 35 años, el albergue Casa Juan Diego ha dado techo y abrigo a más de 75.000 inmigrantes y refugiados que, en la gran mayoría de los casos, arribaron a Houston (Texas) tras recorrer miles de kilómetros en busca de un futuro mejor.
«Lo que hacemos aquí es recibir a una mayoría indocumentada y procedentes de Centroamérica que no dominan el inglés y que han sobrevivido largas jornadas de viaje para llegar a Estados Unidos en un recorrido en el que sufren vejaciones y toda clase de abusos», dijo a Efe la fundadora del refugio, Louise Zwick.
Junto a su esposo, un exsacerdote católico, Louise y Marck Zwick alquilaron en 1980 un local que se convirtió en uno de los pocos lugares de Houston en ofrecer múltiples servicios sociales.
Actualmente, son varios los lugares que ofrecen reposo a los necesitados en diferentes zonas de la región.
En uno de ellos se administran servicios médicos gratuitos para las personas de bajos recursos, así como asistencia legal migratoria, clases de inglés y reparto de alimentos y ropa.
También hay otro que alberga únicamente a hombres con espacio para 40 camas, aunque según Zwick casi siempre se rebasa la capacidad «y duermen en el piso».
«También tenemos dos casas para enfermos y otra que cuenta con una clínica donde repartimos comida para 300 personas cada semana gracias a donaciones», señaló Zwick, que en los últimos meses incluso ha tenido huéspedes refugiados de Etiopia y Eritrea.
Así, con el fin de incorporar a los refugiados en la sociedad o ayudarlos a hacer una vida independiente, Casa Juan Diego ha creado una cooperativa que genera trabajos en el sector agrícola.
Los hombres que tienen capacidad para trabajar se adhieren al programa y cuando ya tienen una estabilidad entonces lo abandonan para independizarse.
Por otro lado, para los enfermos o paralizados por accidentes de trabajo, el panorama es muy diferente: muchos se quedan años bajo el cuidado de voluntarios porque debido a sus estatus migratorio o económico no pueden recibir asistencia del sistema hospitalario en Texas.
«En otros casos, son los hospitales los que se comunican con nosotros para pedirnos dinero a cambio del cuidado de ciertos pacientes que no tienen las condiciones para hacerlo. Hoy cubrimos los gastos médicos de 125 personas», comentó Zwick.
Aseguró también que los inmigrantes de «antes», que huían de gobiernos autoritarios y de la pobreza, han ido cambiando y ahora «son diferentes: huyen de la violencia generada por las pandillas».
«Primero fueron los salvadoreños y hondureños y después los mexicanos. En los dos últimos años, hemos recibido muchos cubanos. La única diferencia es que ellos regularizan sus situación muy rápido», sostuvo.
De acuerdo a Zwick, extrabajadora social, la concepción de un lugar de esta naturaleza no se hubiera llevado a cabo sino hubiera viajado a El Salvador a fines de la década de los setenta en el momento en que ese país se desgarraba en una guerra civil.
«Vendimos todo lo que teníamos y nos fuimos a trabajar a El Salvador con los pobres en 1977. No sabíamos que íbamos a experimentar tantas protestas sociales y desigualdad económica, además de presenciar gran cantidad de muertos en las calles», contó.
Luego, se mudaron a Guatemala donde supieron que en Houston (Texas) necesitaban voluntarios para ayudar a los centroamericanos que escapaban de la guerra y entonces decidieron regresar a Estados Unidos a crear un albergue para «seguir predicando el evangelio del Señor».
Así crearon Casa Juan Diego, que sigue las normativas del movimiento de obreros católicos creado en 1933 por la periodista Dorothy Day y el activista Peter Maurin.
Day, que además era enfermera, es una de las activistas sociales a los que el papa Francisco alabó por «su pasión por la justicia social y por las causas de los oprimidos», en uno de sus mensajes durante su visita a Estados Unidos el año pasado.
Casa Juan Diego sobrevive gracias a las donaciones de particulares y de los ingresos de los libros sobre catolicismo y ayuda social que publica desde hace años, así como del periódico bilingüe bimestral que tiene una tirada de 65.000 copias.



















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