El doctorado, un sueño casi inalcanzable para los indocumentados

El doctorado, un sueño casi inalcanzable para los indocumentados

Denver (CO), 5 may (EFEUSA).- Estudiar un doctorado se presenta como un objetivo casi inalcanzable para los indocumentados latinos en Estados Unidos, como queda patente en la exigua cifra de 12 alumnos sin estatus legal que actualmente cursan estos estudios de posgrado en todo el país, según un estudio.

«De los cientos de obstáculos y desafíos que podríamos enumerar, el financiamiento de los estudios, los limitados servicios estudiantiles y de mentores, y los administradores que no respaldan son los principales», indicó a Efe Abel Chávez, de la Universidad Western State, en el oeste de Colorado.

Chávez, hijo de inmigrantes mexicanos y el primero en su familia en llegar a la universidad, administra ahora un programa de becas internacionales que incluye ayuda para estudiantes universitarios indocumentados, especialmente de México, educados en este país y con alto nivel académico.

A los problemas mencionados se suman otros, como carecer de respaldo familiar para los estudios de doctorado, -que requieren una inversión de tiempo y de dinero «que no pensamos y que no sabemos», indicó Chávez-, carecer de un grupo de profesionales hispanos del mismo nivel académico «para compartir experiencias» y, en menor medida, hablar inglés con acento.

El hecho de que casi la totalidad de los hispanos en alcanzar los niveles de estudios de doctorado son los primeros en su familia se traduce en un menor «respaldo por parte de la familia y también menos conexiones con doctorantes, investigadores, profesores y otros estudiantes, y mucho menos con profesores o doctorantes latinos».

Acceder a estudios de doctorado resulta un gran desafío para latinos incluso si se trata de personas con sus documentos inmigratorios en orden, revela el reporte «La Condición de los Latinos en Educación 2015» de la organización Excelencia in Education.

El informe indica que, a pesar de que desde comienzos de la década pasada aumentó en el 67 % el número de latinos que obtienen un doctorado, sólo el 5 % de quienes reciben doctorados son latinos.

Como consecuencia, sólo el 1 % de los adultos latinos tienen doctorados, un porcentaje similar al de los afroamericanos, la mitad que el de los blancos y la cuarta parte del de los asiáticos.

En números concretos, durante el período estudiado por el reporte (2014 y 2015), 141.000 latinos recibieron sus doctorados (la mayoría en leyes o en medicina), comparado con 192.000 afroamericanos, 502.000 asiáticos y 2,6 millones de blancos.

Pero, según estadísticas recientemente difundidas por el programa de estudios de posgrado de la Universidad Claremont, sólo 12 estudiantes latinos indocumentados en todo el país están cursando estudios de doctorado, y todo ello gracias a los beneficios del programa de Acción Diferida (DACA).

Gracias a un profesor hispano, William Pérez, experto nacional en ayuda a estudiantes indocumentados, la Universidad Claremont ofreció becas de doctorado a cuatro latinas indocumentadas antes de la entrada en vigor de DACA en 2012, pero actualmente ese programa ya no existe.

«Necesitamos más profesores como el doctor Pérez. Seguimos con una gran necesidad de profesores y administradores que no sientan temor de apoyar a los estudiantes indocumentados», opinó Chávez.

Para Carla Castillo, experta en becas y servicios estudiantiles para indocumentados en la Universidad Estatal Metropolitana (MSU) de Denver, la ayuda a los futuros estudiantes de doctorado latinos debe comenzar mucho antes de que los estudiantes lleguen a ese nivel. De hecho, debería comenzar antes de graduarse de la escuela secundaria.

«Necesitamos lograr que los estudiantes latinos mantengan vivo su sueño de ir a la universidad», declaró Castillo.

Pero el proceso es largo, ya que primero se debe lograr que los indocumentados se graduen de la escuela secundaria, luego que se inscriban en la universidad, que completen esos estudios y finalmente que se decidan a continuar con estudios de posgrado.

«Ese es el lado humano que afecta a los estudiantes indocumentados. La buena noticia es que los indocumentados reciben ahora mucha más ayuda que hace una década», puntualizó.

Sea como fuere, dijo, «aún no estamos preparados para ser los agentes de cambio ni los promotores comunitarios que deberíamos ser para ayudar apropiadamente a los estudiantes indocumentados», especialmente en cuanto a situaciones emocionales, como la ansiedad.

Esos problemas emocionales, explicó Castillo, son el resultado de «una narrativa negativa que tiene un impacto en la psique de todos indocumentados, no solamente los latinos».

Esa narrativa incluye desde discriminación abierta hacia los indocumentados hasta usarlos como chivo expiatorio, dijo Castillo, citando investigaciones realizadas por Pérez en Claremont.

Lucero Portillo, estudiante indocumentada en MSU Denver, busca llegar en un futuro no muy lejano a su doctorado.

«Siempre supe que un día iría a la universidad y que me graduaría, pero nunca supe cómo lo haría. Pasé muchas experiencias difíciles y pedí ayuda muchas veces, pero al final entendí que la responsabilidad es totalmente mía», afirmó a Efe Portillo.

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